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El Camino de la iluminación espiritual y personal
Espiritualidad
Valentín Martínez
LAS VIBRACIONES PERSONALES Y LA LEY DEL ESPEJO
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LAS VIBRACIONES Y LA LEY DEL ESPEJO
 
Como decía en el post anterior todo está vibrando en nosotros incluso nuestras creencias más profundas, aquellas que están en lo hondo de nuestro subconsciente y que al no encontrase en el campo de nuestra conciencia no las podemos ver.
 
La Ley del Espejo o la teoría sobre El Espejo en las relaciones personales nos dice que atraemos a nuestra vida todo lo que hay en nuestro interior, es decir, personas que tienen creencias similares (aunque no tienen que compartirse todas) o circunstancias acordes a esas creencias.
 
Se dice que cuando nos relacionamos con una persona y hay algo de su conducta o forma de ser nos molesta es porque algo dentro de nosotros que reacciona igual, tienen una programación o creencia que nos impulsa a actuar del mismo modo.
 
Cuando esa misma conducta o forma de ser no nos molesta, e incluso nos pasa desapercibida, no tiene que ver nada con nosotros. Nada “resuena” en nuestro interior, ninguna vibración “se despierta” y nada tenemos que decir o tenemos que aprender.
 
Pongamos un ejemplo básico para que quede claro. Imaginemos que vemos en alguien una actitud tacaña o egoísta a la hora de compartir algo. Ya sea una bolsa de patatas, por ejemplo, compartir el pago de una ronda (siempre se despista) o sus conocimientos en algún tema, como, por ejemplo, esquiar. Cuando vemos ese comportamiento y eso nos molesta ha puesto en marcha una vibración que tenemos dentro, y que no podríamos ver de otro modo. Quizá ese egoísmo que detestamos en esa persona no sea precisamente en esos campos concretos, pero es más que seguro que una vibración de egoísmo, probablemente de otro tipo (si es que no nos sentimos identificados con esa actitud en especial) está presente dentro de nosotros.
 
Llega el momento de observarnos. De ver en que faceta de nuestro comportamiento somos egoístas ya que de otro modo no nos importaría verlo en otra persona. Por supuesto que una persona que se muestra egoísta en todos los aspectos de su vida o lo es en exceso en alguno, probablemente molestará a todos. Pero no me refiero a casos extremos. Volviendo a nuestro ejemplo, cuando identifiquemos en qué faceta de nuestra vida somos egoístas (puede que, con nuestro tiempo, con nuestra música, etc.), podremos comprobar como ese asunto nos deja de molestar al verlo en los demás.
 
Cuando admiramos alguna cualidad en alguien, sucede lo mismo. Esa cualidad, lo creamos o no está en nosotros, vibra en nosotros, forma parte de nuestros programas o creencias. En este caso no hay nada sino tratar de descubrirla en nosotros y sacar partido de ella.
Una de las funciones más importantes que tiene la Ley del Espejo es el poder poner de manifiesto los programas o creencias que tenemos sobre nosotros en virtud del comportamiento que los demás, o un grupo concreto de personas, tiene hacia nosotros.
 
Imaginemos que tenemos la oportunidad de desempeñar un puesto de responsabilidad en una empresa X. Resulta que la mayoría de las personas a nuestro cargo no nos consideran un jefe de verdad, y se enfrentan a nuestras decisiones, no las cumplen o nos puentean y acuden a otro superior.
 
En este caso tenemos que preguntarnos: “qué me estoy haciendo a través de esas personas a mí mismo”. Es decir, que programación o mandato tengo que provoca a esa conducta en los demás.
 
Podríamos ver que a través de los demás me estoy desvalorizando, quitando valía o valor. De hecho, cuando una persona cree que no tiene valor, en este caso para mandar sobre otros, su vibración (como vimos en el post anterior) lleva una información que podría resumirse en “no me tengas en cuenta” “No me tomes en serio, no tengo la suficiente valía como para mandar sobre ti”.
Si al hacernos esta pregunta descubrimos que realmente dentro de nosotros hay una creencia de este tipo, debemos preguntarnos en qué momento empezamos a pensar así, en qué momento alguien nos hizo sentir que no éramos válidos o valiosos y lo asumimos como cierto, haciendo una creencia de ello y comportándonos en lo más profundo como si eso fuera verdadero.
 
A veces es fácil identificar a la persona que nos hizo sentir así ya que mientras el resto de los subordinados reconocen tu autoridad es un tipo especial de persona, o personas, el que no lo hace. Entonces, podríamos servirnos de ello para ver, en nuestra historia personal, quién era igual que esa persona que tuvo la oportunidad de sembrar en nosotros esa creencia negativa que se despierta o vibra ante alguien de iguales características.
 
El hecho de verlo, de tomar conciencia de esa circunstancia y del momento en el que se produjo, es de por sí sanador. A veces basta con revivir esos momentos y darnos cuenta de que esa persona que te quitó valor, estaba equivocada, no era más que algo que “decía” sobre ti. Y decir, se dicen muchas cosas que no son ciertas, como que lloverá y luego no llueve, o cosas así.
 
La mayoría de las veces no es tan sencillo. Regresar al pasado y ponerse en contacto con esas emociones que nos marcaron no es fácil, y se necesita la ayuda de alguien para conducirnos hasta ahí. Si fuera por nosotros lo dejaríamos estar y seguiríamos como siempre, sin hacer ningún cambio en esas facetas de nuestras vidas en las que sufrimos.
 
Por eso se dice que uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Y la oscuridad son todas esas emociones que nos asustan, que forjaron nuestras creencias, y no nos atrevemos a acercarnos a ellas.
 
Valentín Martínez Carbajo