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Novela negra   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Espiritualidad
Valentín Martínez
Las pendulaciones en el camino espiritual
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LAS PENDULACIONES EN EL CAMINO ESPIRITUAL
 
Cabría pensar, por los temas que suelo tratar en mis post sobre el camino espiritual, que este caminar es un tránsito permanente por estados tortuosos de la mente y el cuerpo, por circunstancias difíciles o mortificaciones expiatorias, pero nada más lejos de la realidad. Suelo escribir este tipo de post con el fin de dar sentido a estos estados que tarde o temprano vamos a experimentar como cualquier otro que no siga ningún camino y se limite a vivir su vida de manera legítima desde otra perspectiva; pero que, sin embargo, pueden sorprender al practicante espiritual porque no está advertido de que recorrer este camino no le hace distinto a los demás como tampoco le hace diferente el hábito al monje, quien tendrá la misma necesidad de comer y de ir al baño como cualquier otro.
 
Es cierto que uno suele iniciar el camino por algún tipo de crisis existencial; se dice que sin ellas habitualmente uno se limita a seguir el mismo proyecto de vida que comparten las personas que tiene a su alrededor y que le es suficiente. Quiero aclarar que, desde mi punto de vista, esto es tan válido como el que vive de otro modo. El camino espiritual es algo personal. Es tan personal que llega un momento en el que no puedes compartir tus experiencias sin que te vean como un individuo raro. Con el tiempo te das cuenta de que eso es solo para ti. Incluso hablar con otros que siguen el mismo camino de tus o de sus experiencias, puede resultar chocante para ambos.
 
No obstante, creo que sí podemos ayudarnos unos a otros a través de nuestros testimonios, pero uno no debe esperar nada de ello, ni comprensión, ni respeto, ni otro tipo de beneficio directo. No porque sea algo malo, sino porque es altamente improbable y porque los beneficios del camino no llegan a través de los elogios de los demás, sino a través de satisfacciones muy íntimas que solo uno comprende. A demás, hay un momento en el que uno se da cuenta que la frase “Si vences tú, vence contigo el mundo y si fracasas tú, el mundo fracasa contigo” es totalmente cierta y que, por ese motivo, lo único que debe preocuparte es tu propia sinceridad para contigo mismo.
 
Como decía, suele ser una crisis lo que te atrae por primera vez hacia el camino, pero no serviría de nada si, tras ese dolor, no existiera un periodo de paz, de algún tipo de comprensión o iluminación que te llevara a pensar que has encontrado una forma de ver o contemplar tu vida y el mundo mismo de manera distinta. En general, todos experimentamos algún tipo de iluminación o experiencia cumbre, como la llaman algunos, que nos cambia. Aparece en nosotros algún tipo de certeza que se mantiene durante toda nuestra vida y que nos sirve de apoyo para continuar viviendo con fuerza, con esperanza, con la convicción de que hay mucho más de lo que nos ofrecen nuestros cinco sentidos.
 
Cuando leí por primera vez sobre las experiencias cumbre, y como cambiaban la vida a las personas que las experimentaban, anhelaba tenerlas, pero no me daba cuenta de que ya había vivido más de una, y que habían tenido repercusiones importantes tanto en mi vida personal como espiritual. El problema era que yo pensaba que ese tipo de sucesos vendrían acompañados de grandes manifestaciones ya fueran visuales, auditivas, rodeadas de luces o de la mano de un ángel, ofreciéndome un túper lleno de gambas al ajillo, por ejemplo, junto con algún mensaje. Permítaseme esta broma.
 
Uno no se da cuenta del don que “aparentemente por azar” le llega en forma de comprensión. Porque la iluminación en sí no es más que una ampliación en el campo de conciencia con el que habitualmente nos manejamos. Comprender algo, no es una cosa insustancial, no se queda en el mundo subjetivo. Comprender algo te permite una capacidad de acción y de intervención en tu entorno físico que puede cambiar de manera radical tu existencia física y mental.
 
Y ahora viene el mensaje que quería transmitir. Tras esos resplandores, pasado un tiempo de descanso vuelven a venir las sombras. Como he dicho en más de una ocasión es un proceso natural que hay que saber reconocer. Si vienen las sombras es señal de que tras ellas se esconde una nueva luz, una nueva comprensión. Es como un embarazo con todos sus inconvenientes y malestares, pero también con la esperanza del alumbramiento de un nuevo ser que está por nacer y momentos antes, antes de ver la luz, de venir a la luz, vendrán los dolores del parto.
 
Igual que es arriba es abajo, igual que es adentro es afuera, igual que el proceso del nacer conlleva esperanza y sufrimiento por parte de la madre, también el proceso que precede a una iluminación o experiencia cumbre, traerá similares sensaciones y emociones.
 
En nuestro camino pendularemos. A una etapa de llanura, de transitar fácil, le seguirá otra de ascensos pedregosos en los que nos faltará el aire. Cuando lleguen sabremos que algo bueno encontraremos al final, en esa pequeña cumbre cuyo ascenso ahora nos destroza. Es un proceso inevitable.
 
No es fácil pensar que es un proceso natural, cuando estamos pasando por él. Personalmente he de decir que cuando el dolor me agota y se me hace insoportable, olvido de qué se trata. Maldigo a la vida e incluso a Dios. Pero del mismo modo que hago esta afirmación sincera también digo, que cuanto peor es la pendulación hacia la zona ingrata, mayor es la recompensa, más fuerte el cálido abrazo de Dios que todo lo entiende. Y después… de vuelta a empezar.
 
Valentín Martínez