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Novela negra   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Espiritualidad
Valentín Martínez
El dolor emocional o psicológico y el camino espiritual
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 EL DOLOR EMOCIONAL O PSICOLÓGICO Y EL CAMINO ESPIRITUAL
 
Cuando inicias el camino espiritual es fácil pensar que, si cumples con el programa o consignas que tú mismo has elegido para transitar por él, entre sus múltiples variantes, no solo estarás libre de cualquier tipo de dolor, ya sea físico o emocional, sino que incluso, a penas hayas dado unos pasos podrás encontrarte con tu recompensa, con el famoso “Ananda” o felicidad suprema.
 
Llevo una gran parte de mi vida tratando de recorrer ese camino y a estas alturas creo que no tiene fin, o quizá en una sola vida solamente pueda uno recorrerlo parcialmente.
 
Hace tiempo escribí un libro titulado “El Camino de la iluminación espiritual y personal”. En principio fue algo que escribí para mí con el fin de tener una visión de conjunto del tramo que había recorrido de ese camino y lo que había descubierto. Bien pronto vi que tenía dos vertientes, una personal en la que debía tratar los asuntos del cuerpo y de la mente -y que por eso la llamé así- y otra espiritual un poco más difícil de describir que, aunque se mezclaba con la primera, tenía mucho más que ver con nuestro mundo energético, con nuestro espíritu o armazón de energía que sostiene todo nuestro cuerpo y nos pone en contacto con lo más íntimo de nuestro ser.
 
En este cuerpo espiritual o simplemente espíritu es donde ubico la conciencia que, una vez que está plenamente desarrollada, descubre en sí misma una fuerza que antes no tenía y que es preciso desarrollar si realmente queremos llegar hasta nuestro objetivo.
 
La conciencia común, apenas tiene un mínimo de fuerza. Es atrapada por uno u otro pensamiento, por uno u otro deseo, por un dolor, por la ira, el placer o la venganza. Cualquier emoción con un mínimo de intensidad la atrapará poniéndola a su servicio. Nuestra conciencia, en este caso, es una esclava de la mente y sus impresiones; una esclava de los instintos primarios y las emociones. Algunas personas ni siquiera son conscientes de ella, se limitan a seguir sus impulsos sin saber siquiera por qué pasan de un tema a otro, de una actividad a otra.
 
Una de las fases del camino espiritual es tomar consciencia de nuestra conciencia y sacarla del remolino de los pensamientos. Hacer que ella elija en qué fijar su atención y no en ser atrapada por los pensamientos, sensaciones o emociones. A esa conciencia se le llama Conciencia Testigo; porque ve, porque es testigo de la actividad de su mente y la puede parar hasta cierto grado.
 
El practicante espiritual no se da cuenta hasta qué punto la mente atrapa a su conciencia hasta que no se pone manos a la obra y trata de tomar las riendas.
 
Una de las fases de la conciencia es alzarse como testigo y para ello se necesita fuerza para mantenerla en dicha posición. Generalmente, una vez adquirida es perdida muy poco tiempo después. El recuerdo de que existió y la sensación de libertad que se experimenta cuando por primera vez se manifiesta, te hacen buscarla de nuevo y es seguro que, sabiendo que es un hecho, lucharás por mantenerla y esa lucha es la que fortalecerá a la conciencia que se convertirá en una conciencia testigo que ahora tiene un nuevo “músculo” –por llamarlo de algún modo-, que se tendrá que fortalecer en la lucha por mantenerse independiente de los pensamientos, sensaciones y emociones de las que participa el organismo.
 
La conciencia testigo te da sensación de libertad. Es como si descubrieras un nuevo TÚ, un nuevo lugar en el espíritu desde dónde mirarse. Pero toda la “maquinaria” que antes se servía de ella luchará por utilizarla de nuevo porque su antiguo dueño, mejor dicho, “el criado que espera el regreso de su señor”, no querrá perder su hegemonía en la “casa”; en tu ser.
 
Este criado, con todo un ejército de subalternos que se servían de esa conciencia para su disfrute personal, te va a poner las cosas muy difíciles. Podrás comprobar cómo te ataca de mil maneras impensables, cómo te hará recordar tus miserias personales, las afrentas de los otros, las injusticias que el mundo y todos los que tienes a tu alrededor te han infringido. Generará tales emociones que perderás tu posición e incluso pensarás que no merece la pena tanto sufrimiento por mantener esa atalaya.
 
Hay quien incluso habla de fuerzas inteligentes, de fuerzas adversas, que operarán en ti para que no actúes como actúa tu grupo o ámbito social, es decir, como todo el mundo. Pero yo creo que, aunque pueda haber una parte de verdad en ello, es algo que está totalmente previsto y que es necesario para fortalecer ese nuevo músculo, esa nueva herramienta que te permitirá no solo un mayor control de tu vida emocional sino un sinfín de “promesas” que están implícitas en el camino espiritual, pero que necesitan para su desarrollo de una fuerza que no se consigue sin oposición, si las pesas de los conflictos que pugnan por reconquistar el lugar al que has llegado.
 
Alcanzar la meta del camino no es fácil. Incluso quienes son guías espirituales de otros, con un bagaje cultural y de experiencia digno de premios, reconocimientos y elogios pasan por estos procesos como cualquier otros.
 
No es necesario que busques el dolor para avanzar espiritualmente. Lo que tienes que tener en cuenta es que, si estás en este camino, ese dolor, generalmente psicológico –aunque puede ser de otro tipo- vendrá en tu búsqueda.
 
Lo único que tienes que hacer es seguir intentándolo, seguir fortaleciendo la independencia de tu conciencia y no pensar ni que estás fracasando ni que esas fuerzas conseguirán salirse con la suya. En algunos momentos tendrás que parar, rendirte; pero una vez recuperado deberás seguir. El dolor vendrá desde dentro o desde fuera, proveniente de los demás. Todo forma parte del proceso, no hay nada azaroso o que esté relacionado con la mala suerte. Si no puedes y abandonas nadie ni nada te podrán reprochar. Pero creo que hay que intentarlo, seguir luchando hasta que aparezca el verdadero “amo de la casa” y comience a dar las órdenes con autoridad. La promesa es que, en esa hora, todo tu mundo le obedecerá.
 
El cómo luchar con todo ese dolor, con las ideas que cruzarán tu mente una y otra vez, incomodándote, con el fin de que abandones y hagas como todo el mundo –tomando una copa, leyendo o viendo la televisión, por ejemplo-, es dejar que pasen a través de ti sin permitir que se desarrollen. No debes luchar con ellas porque en el mismo instante que inicies la batalla, ya habrán ganado. No te defiendas de ellas, deja que te hieran y es entonces cuando vencerás ya que, al no alimentarlas con tus reacciones, no conseguirán energía para sobrevivir, para mantenerse activas. Quizá en ese momento te preguntes por qué Dios te ha abandonado, y de pronto te darás cuenta, que antes ya hubo otros que caminaron también por ahí.
 
Valentín Martínez
 
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