búsqueda espiritual, la noche oscura del alma, el dolor que nos produce la vida, la depresión, el sucidio, la falta de sentido de la vida, la ansiedad, el dolor del despertar espiritual, el padecimiento espritual,el dolor del alma, la angustia de la vida, los demonios internos
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Novela negra   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Espiritualidad
Valentín Martínez
La activación de la búsqueda espritual
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Cuándo se produce la activación de la búsqueda espiritual y por qué.
 
Recuerdo una escena de una película perteneciente al neorrealismo italiano en la que un tanque arrollaba a un niño ante la impotencia y desesperación de su madre. En el shock emocional que experimentaba la madre, ante aquella situación extrema de horror, se preguntaba cómo podía haber sucedido tal cosa ya que ella siempre había sido buena y había cumplido con sus oraciones.
 
No tiene que sucedernos un hecho de ese calibre para que nuestro sistema de creencias se tambalee. Para que las reglas que aprendimos en nuestra niñez o incluso más tarde se descubran como incompetentes o totalmente inútiles para superar un imprevisto que inopinadamente nos sorprende. Es suficiente con que nos quedemos sin trabajo, tengamos una quiebra económica, se destruya nuestra relación de pareja o la vida nos sorprenda con una grave enfermedad en uno de nuestros seres queridos. Pero existe una condición más: que vivamos todo eso en soledad, sin apoyos, sin la comprensión de quien nos acompaña, casi sin esperanza.
 
Cuando nuestro dolor tiene como único eco nuestra soledad solo nos queda volvernos hacía Dios o Conciencia Universal o hacia nuestro interior, hacia nuestro propio espíritu en busca de una respuesta que nos saque de esa situación y del sufrimiento físico y moral que nos produce.
 
“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Dice en su evangelio San Mateo.
Esta frase no tiene nada que ver con el dinero. De hecho, el dinero es tan santo y tan bueno como lo pueda ser cualquier cosa de la que se sirva el hombre para realizar transacciones con sus semejantes. Como decía Louis Hay, precursora de los libros de autoayuda, existen gentes con mucho dinero que son buenas personas y gentes con muy poco dinero que son malas personas.
 
Lo que debemos aprender de esta idea, de esta parábola, metáfora o comparación, es que cuando tenemos recursos ya sean materiales o personales en una abundancia tal que cualquier problema que se nos presente, por grave que sea, lo podamos solucionar fácilmente con dinero o con la ayuda de las personas que nos rodean, es muy difícil que nos volvamos hacia Dios y mucho menos que miremos hacia nuestro interior en busca de respuestas. ¿Para qué vamos a hacerlo? No tenemos ninguna necesidad. ¿Si quebramos en nuestro negocio y hay mil ahorros de los que disponer, acaso sentiremos la punzada de algún tipo de dolor, de miedo, de inseguridad o desesperanza? ¿Si nos quedamos sin trabajo e inmediatamente nuestro amigo o familiar nos proporciona otro y otro, si eso fuera necesario, qué tipo de angustia, temor o incertidumbre vamos a padecer? Incluso si nos falla nuestro amor y tenemos recursos para viajar, distraernos y además acudir tal vez a un terapeuta o a un psicoanalista, ¿para qué necesitamos volvernos hacia lo invisible, si con lo visible terminamos, casi en un pispás, con todos nuestros infortunios? Claro que hay padecimientos que se ríen del dinero y la riqueza. Como cuando el destino te arrebata a un ser querido, como cuando te sorprenden las garras de la enfermedad. Incluso en ese momento, un hombre o mujer acostumbrado a resolver todos sus problemas a través de los recursos materiales de los que dispone, quizá los calmaría con sustancias que lo adormecieran y así no tendría necesidad de volverse hacia su interior, encontrando la fuerza e incluso la respuesta al porqué tuvo que acontecerle aquel drama, ni de volverse hacia Dios que, en su somnolencia, encontraría aún mucho más lejano que en su estado normal de lucidez.
 
“Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.
 
De nuevo San Mateo nos informa de la llamada a la búsqueda espiritual, pero no es que Dios escoja a nadie, como veremos más adelante cuando profundicemos en el camino espiritual, es la propia persona la que escoge responder o no; y para ser justos hay que reconocer que esta no siempre puede hacerlo.
 
Se activa la búsqueda del espíritu cuando nada de lo que tenemos a nuestro alrededor sirve para solucionar el estado de dolor y adversidad que accidentalmente nos invade.
 
Eckar Tolle cuenta en su libro El Poder del Ahora, cuál fue el desencadenante de su búsqueda espiritual y de su iluminación:
 
“Hasta los treinta años, viví en un estado de ansiedad casi continua, salpicada con periodos de depresión suicida… Una noche, no mucho después de cumplir veintinueve años, me desperté de madrugada con un sentimiento de absoluto terror. Había despertado con ese sentimiento muchas veces antes, pero esta vez era más intenso que nunca… todo parecía tan ajeno, tan hostil y tan absolutamente sin sentido que creó en mí un profundo aborrecimiento del mundo… Podía sentir un profundo anhelo de aniquilación, de inexistencia, que se estaba volviendo mucho más fuerte que el deseo instintivo de continuar viviendo.”
 
Además de esos acontecimientos imprevistos con los que nos enfrenta la vida y pone a prueba nuestro sistema de creencias, el espíritu también tiene formas de llamar nuestra atención sin necesidad de alterar nuestra pacífica vida material o de relación.
 
Son las llamadas emergencias espirituales que se presentan como aparentes brotes de desequilibrio psicológico que pueden manifestarse en forma de cualquier patología mental; siendo la depresión su manifestación más común. De hecho Roberto Assagioli, psiquiatra y pensador italiano que puso los cimientos de la psicología transpersonal, corriente psicológica que reconoce el papel y la presencia del espíritu en la vida del hombre, decía que algunas de nuestras depresiones eran la forma externa o embalaje en el que se manifiesta el proceso de esa búsqueda interior; aunque una cosa se nos hará evidente, durante esa fase lo habitual es olvidarse de que el estado depresivo puntual por el que en esos momentos atravesamos, forma parte del proceso de evolución; y aun recordándolo lo normal es que pensemos que no tiene nada que ver y que no es más que un estado más de insatisfacción con el que la vida nos “regala” a veces. Solo después de haber superado esos momentos y advertido que de algún modo hemos subido un peldaño, aunque sea pequeño, en relación a cómo nos encontrábamos antes de la crisis, será cuando nos demos realmente cuenta de esta verdad.
 
De hecho, como más adelante veremos, al describir con más detenimiento el camino espiritual, los estados depresivos, formarán, casi de manera inevitable parte de nuestra ruta; aunque hayamos superador la fase inicial de búsqueda del espíritu y continuemos en ella de manera consciente.
 
No obstante, lo que realmente llamamos emergencia espiritual es algo bastante serio. Es un término acuñado por el psicólogo y psiquiatra checo Stanislav Grof. Utiliza ese nombre para las grandes crisis psicológicas acompañadas de un gran dolor emocional, que viven muchas personas al enfrentarse a sus “demonios internos”, a sus traumas y sus conflictos personales. Una vez superadas, y durante el propio proceso de superación, vio como aparecía en ellos una forma diferente tanto de ver el mundo como de contemplarse a sí mismos que no solo les dotaba de una paz que no existía antes en sus vidas, sino que ampliaba su comprensión sobre el sentido tanto de su existencia como de la propia vida en general.
 
"No es posible despertar a la consciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que sea, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino por hacer consciente la oscuridad." (Carl Gustav Jung)
Quiero hacer hincapié en este punto para que, si atravesamos uno de estos oscuros senderos, estemos advertidos de que en la mayoría de los casos son verdaderos toques de atención de nuestro espíritu para que nos volvamos hacia él y “escuchemos” lo que trata de decirnos. En consecuencia, con esta información, debería apaciguarse nuestro miedo y aceptar esa experiencia como los primeros dolores de un “parto”, que como iremos viendo poco a poco, se presenta largo y laborioso. Esto no quiere decir que no acudamos a nuestros terapeutas para que alivien nuestros sufrimientos, ya sean físicos o psicológicos; pero no añadamos más drama al asunto que el estrictamente necesario. Bien es cierto que saber que forman parte del camino de manera inevitable no evitará nuestros padecimientos; no obstante, esa comprensión, evita que añadamos al proceso más dolor, en la confianza de que, aunque es un dolor inevitable, solo forma parte de un tramo, y tiene su propia misión.
 
Por otro lado, hay que tener en cuenta algo muy importante sobre la vida: aunque no transitemos por el camino espiritual el propio hecho de vivir duele; y duele de verdad.
 
Fragmento del libro
El Camino de la Iluminación Espiritual y Personal.